viernes, abril 22, 2005

Recuerdos

Sin saber cómo, volvía en el colectivo y me vino a la mente la imagen de mi rodilla lastimada, cuando de niñita intentaba aprender a andar en bicicleta; me había caído varias veces sobre la misma rodilla y cada vez que esto ocurría mi herida crecía un poco más, hasta que finalmente no me caí más, exceptuando, por supuesto, algunas caídas más de puro pánfila, la última, incluso, no hace tanto tiempo.
Esa bicicleta, la primera que tuve, era una Legnano y me la había regalado mi abuelo; había andado mucho con rueditas y mi papá había decidido que ya era hora de que aprendiera algunas mínimas nociones de equilibrio. Me subí al aparato "bi-rueda", mi papá me sostenía desde la parte trasera y así empecé a pedalear, luego de unos metros, me dí vuelta y lo ví saludándome quieto, un poco más atrás y ahí fue que el pánico se apoderó de mí y el manubrio empezó a cobrar vida propia y a moverse de un lado al otro, hasta que finalmente el suelo contuvo mi cuerpo que llegaba en caída libre y del que, mi rodilla era la que más apuro tenía en llegar.
Hoy, todavía me queda la cicatriz, además del recuerdo.

Escribo porque tengo la vagancia en la boca.